1) No comas cualquier cosa: Uno de los mitos más arraigados en el mundo del ejercicio es que luego de un duro entrenamiento, tu cuerpo está listo para asimilar cualquier cosa que le ofrezcas, y por lo tanto no importa la calidad ni la cantidad de la comida.

Es un error: si a tu cuerpo le das alimentos de dudosa calidad o demasiado abundantes en grasas e hidratos de carbono, asimilar grasas e hidratos de carbono, lo cual no es necesariamente bueno. Lo ideal es que repongas los hidratos de carbono comiendo moderadamente alimentos que los contengan, especialmente los hidratos complejos, de digestión más lenta, y que no son incorporados al cuerpo como reserva de grasa al poco tiempo de ser ingeridos.

2) Come proteínas:

Además de una moderada cantidad de hidratos, lo esencial es que repongas proteína, el alimento del músculo. Un buen corte de carne magra, una batido proteico, pescado, tales son los tipos de alimento que debes incorporar preferentemente luego de una sesión de gimnasio.

 

3) Ingiere alimentos no más tarde de una hora después del entrenamiento:

Se sabe que al entrenar nuestra tasa metabólica se eleva y nuestras reservas de glucógeno se evaporan, por lo que el cuerpo entra en fase catabólica; es decir, de apropiación de energía a través del consumo de alimentos o de destrucción de tejido muscular.

4) Planifica tu ingesta:

Si vives lejos del gimnasio en el que entrenas, es sensato llevar en tu bolso una barra de cereales, una barra de energía que contenga hidratos y proteínas y, de ser posible, un batido proteico en una botella o termo. Hay atletas que llevan su comida post-entrenamiento en contenedores de alimentos y la consumen en donde les es más práctico, incluyendo la calle. Sin llegar a tanto, no debes permitir que pase demasiado tiempo entre el fin de la sesión y la ingesta.

 

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